Vivir en piloto automático: cuando pasan los días, pero no se quedan en tu memoria

¿Alguna vez has llegado al final de una semana y has tenido la sensación de que los días han pasado sin saber muy bien qué has hecho con ellos?

Te levantas, trabajas, respondes mensajes, haces la compra, conduces, organizas la casa, atiendes a los demás, resuelves problemas… y vuelves a empezar.

Estás haciendo muchas cosas. Estás viviendo muchas cosas.

Pero quizá no estás realmente presente mientras ocurren.

A esto solemos referirnos cuando hablamos de vivir en piloto automático: funcionar, responder y avanzar mientras nuestra atención permanece desconectada, al menos parcialmente, de la experiencia que estamos viviendo.

Y aunque a corto plazo puede parecer que no ocurre nada especialmente preocupante, existe una consecuencia más silenciosa que puede aparecer con el paso del tiempo:

mirar hacia atrás y sentir que recuerdas mucho menos de tu propia vida de lo que te gustaría.

No es lo mismo vivir algo que estar presente mientras lo vives

Nuestro cerebro no registra cada segundo de nuestra existencia como si fuese una cámara de vídeo.

Para construir nuestros recuerdos necesita seleccionar información: aquello a lo que prestamos atención, lo que resulta significativo, lo que sentimos, lo que observamos y la interpretación que hacemos de lo que está ocurriendo.

Por eso podemos recorrer el mismo trayecto decenas de veces y apenas recordar qué hemos visto durante el camino.

Nuestro cuerpo estaba allí.

Pero nuestra atención estaba en otro sitio.

Quizá pensando en lo que tenemos que hacer mañana, reproduciendo una conversación de ayer, anticipando un problema o simplemente funcionando mediante rutinas que ya no necesitan demasiada atención consciente.

Y esto tiene una consecuencia importante:

si prestamos poca atención a una experiencia, tendremos menos información disponible para construir posteriormente un recuerdo rico de ella.

La memoria necesita que, de alguna manera, estemos allí

Para que una experiencia pueda convertirse en un recuerdo duradero intervienen diferentes procesos: atención, codificación, consolidación y recuperación de la información.

La presencia favorece especialmente el primero de ellos.

Cuando estamos atentos a lo que ocurre podemos registrar muchos más elementos de la experiencia: dónde estamos, con quién, qué estamos viendo, qué estamos sintiendo, qué significado tiene ese momento para nosotros.

La emoción también desempeña un papel importante.

Las experiencias emocionalmente significativas suelen dejar una huella diferente a aquellas que vivimos desde la indiferencia o con una atención mínima. Esto no significa que necesitemos sentir emociones intensas para recordar ni que todo aquello que vivimos distraídos vaya a desaparecer.

Significa algo más sencillo:

cuanto más conectados estamos con una experiencia, más posibilidades tenemos de construir un recuerdo autobiográfico rico y significativo de ella.

El problema del piloto automático no suele verse hoy

El piloto automático tiene una enorme ventaja: nos permite ahorrar recursos.

No necesitamos pensar conscientemente cómo lavarnos los dientes, conducir por un trayecto conocido o preparar el café cada mañana.

El problema aparece cuando este mecanismo deja de utilizarse únicamente para las rutinas y se convierte en nuestra forma habitual de estar en la vida.

Cuando comemos mientras pensamos en otra cosa.

Cuando estamos con nuestra pareja mirando el teléfono.

Cuando jugamos con nuestros hijos pensando en el trabajo.

Cuando hacemos un viaje preocupados por lo siguiente que tenemos que organizar.

Cuando vivimos un momento bonito mientras nuestra cabeza ya está pensando en cómo será cuando termine.

Nada parece ocurrir en ese instante.

Pero quizá, poco a poco, estamos dejando de habitar nuestra propia experiencia.

“Han pasado cinco años y casi no sé qué he hecho con ellos”

Hay una tristeza particular que algunas personas experimentan cuando miran hacia atrás.

No necesariamente porque hayan tenido una mala vida.

Precisamente, a veces ocurre lo contrario.

Saben que viajaron. Que estuvieron con personas importantes. Que tuvieron cenas, cumpleaños, domingos tranquilos, conversaciones, abrazos, vacaciones, pequeños logros y etapas que en aquel momento parecían cotidianas.

Pero cuando intentan regresar mentalmente a ellas, encuentran pocos recuerdos.

Como si supieran intelectualmente que estuvieron allí, pero les costara sentir que realmente vivieron aquello.

Y quizá una de las preguntas más importantes que podemos hacernos es:

¿cuánto de mi vida estoy viviendo y cuánto simplemente estoy atravesando?

Estar presente no significa disfrutar de todo

Practicar la presencia no consiste en convertir cada momento cotidiano en algo extraordinario.

Tampoco significa estar permanentemente feliz, agradecido o conectado.

Estar presente significa permitirnos registrar nuestra experiencia tal y como es.

A veces será agradable.

Otras veces será aburrida.

Habrá momentos de calma, miedo, tristeza, ilusión, cansancio, ternura o frustración.

Desde una perspectiva integrativa, conectar con el presente también implica conectar con el cuerpo, las emociones, los pensamientos y nuestras necesidades.

No se trata únicamente de preguntarnos:

“¿Qué estoy haciendo?”

Sino también:

“¿Qué está ocurriendo dentro de mí mientras lo hago?”

Pequeños actos de presencia pueden cambiar cómo vivimos nuestros días

No necesitas practicar mindfulness durante una hora diaria para empezar a salir del piloto automático.

Puedes comenzar introduciendo pequeños momentos de consciencia en situaciones cotidianas.

Cuando estés tomando un café, intenta simplemente tomar el café durante unos minutos.

Cuando alguien importante te esté contando algo, observa conscientemente su expresión y escucha sin preparar inmediatamente tu respuesta.

Cuando estés viviendo algo agradable, detente unos segundos y piensa:

“Quiero estar aquí.”

Observa dónde estás.

Qué puedes ver.

Qué está ocurriendo en tu cuerpo.

Qué emoción aparece.

Qué hace que ese momento sea importante para ti.

También puedes preguntarte al terminar el día:

¿Qué momento de hoy quiero recordar?

No necesitas que sea algo extraordinario.

Puede ser la forma en que tu perro te recibió al llegar a casa.

Una conversación.

Una canción mientras conducías.

La luz entrando por una ventana.

Una carcajada.

Una comida tranquila.

Un abrazo.

Porque nuestra vida no está formada únicamente por los grandes acontecimientos.

Está construida, sobre todo, por miles de momentos aparentemente pequeños.

Tu memoria del futuro también se construye hoy

Quizá no podamos recordar todo lo que vivimos. Ni necesitamos hacerlo.

La memoria es selectiva, cambiante e imperfecta por naturaleza.

Pero sí podemos preguntarnos cómo queremos estar presentes en la vida que estamos construyendo.

Porque existe una diferencia entre llenar nuestros días de experiencias y estar disponibles psicológica y emocionalmente para vivirlas.

El piloto automático puede ayudarnos a funcionar.

Pero no debería convertirse en el lugar desde el que vivimos permanentemente.

De vez en cuando, merece la pena detenernos.

Mirar.

Sentir.

Escuchar.

Registrar.

Y recordarnos:

este momento también forma parte de mi vida.

Porque quizá estar presente hoy no solo nos permita vivir con mayor consciencia.

También puede ayudarnos a que, cuando algún día miremos hacia atrás, podamos reconocernos en la vida que hemos vivido.