Muchas parejas llegan a terapia con una expectativa aparentemente lógica: “Queremos arreglar nuestra relación”.
Otras veces uno de los miembros llega con un objetivo todavía más concreto: recuperar lo que tenían antes, conseguir que la otra persona cambie, evitar una ruptura o encontrar una solución que les permita seguir juntos.
Sin embargo, hay algo importante que conviene aclarar desde el principio: el objetivo de una terapia de pareja no debería ser mantener una relación a toda costa.
De hecho, en muchas ocasiones, una de las primeras intervenciones terapéuticas consiste precisamente en revisar las expectativas con las que ambos llegan a consulta.
Porque antes de preguntarnos “¿cómo conseguimos seguir juntos?”, quizá tengamos que hacernos una pregunta mucho más importante:
“¿Desde dónde estamos queriendo seguir juntos?”
Terapia de pareja no significa «salvar la relación»
Existe cierta idea de que acudir a terapia de pareja significa que dos personas han decidido luchar por su relación y que el éxito terapéutico consiste en conseguir que permanezcan juntas.
Pero este planteamiento puede generar una presión enorme.
La terapia no debería partir de una conclusión previamente establecida.
No tendría demasiado sentido iniciar un proceso para comprender qué está ocurriendo en una relación si previamente hemos decidido que, independientemente de lo que descubramos, el único resultado válido será continuar juntos.
El espacio terapéutico debería permitir algo diferente: detenernos y observar.
Entender dónde estamos.
Qué sentimos.
Qué necesitamos.
Qué estamos recibiendo.
Qué podemos ofrecer.
Qué estamos esperando que cambie.
Y, sobre todo, si las dos personas que forman la relación pueden construir un vínculo compatible con las necesidades fundamentales de ambas.
Antes de reparar una relación, necesitamos comprenderla
Cuando una pareja lleva meses o años inmersa en conflictos, es frecuente que toda su atención esté puesta en solucionarlos.
“Tenemos que discutir menos.”
“Tenemos que comunicarnos mejor.”
“Necesito que sea más cariñoso.”
“Necesito que confíe más en mí.”
“Tenemos que recuperar nuestra vida sexual.”
Todos estos objetivos pueden ser importantes. Pero quedarse únicamente en ellos puede hacer que perdamos de vista algo más profundo.
Quizá la pregunta no sea solamente cómo dejar de discutir, sino qué nos están diciendo esas discusiones acerca de nuestra relación.
Puede que detrás de ellas existan necesidades afectivas diferentes, proyectos de vida incompatibles, dificultades para establecer límites, heridas individuales, formas distintas de entender el compromiso o expectativas que ninguna de las dos personas puede satisfacer.
Por eso, la terapia de pareja no consiste únicamente en proporcionar herramientas de comunicación.
También consiste en comprender qué relación estamos intentando construir y si esa relación es posible para las dos personas que tenemos delante.
¿Quiero estar contigo o necesito estar contigo?
Esta es una de las distinciones más importantes que podemos explorar dentro de una terapia de pareja.
No es lo mismo elegir una relación que sentir que no podemos permitirnos perderla.
Cuando aparece un miedo intenso ante la posibilidad de separación, podemos interpretar automáticamente ese miedo como una prueba de amor:
“Si me duele tanto imaginar que esta relación termine, será porque quiero muchísimo a esta persona.”
Pero no siempre es así.
A veces detrás del miedo a terminar una relación encontramos miedo a la soledad, dependencia emocional, inseguridad, culpa, dificultad para afrontar un cambio, temor a empezar de nuevo, necesidad de validación o incluso la sensación de que terminar significaría haber fracasado.
Y entonces aparece una pregunta incómoda, pero enormemente valiosa:
Si supiera que puedo estar bien sin esta relación, ¿seguiría eligiéndola?
La finalidad de esta pregunta no es fomentar una ruptura. Es intentar diferenciar la elección de la necesidad.
Quedarnos a cualquier precio también puede ser una señal que debemos explorar
Cuando una persona llega a consulta diciendo “yo quiero seguir con mi pareja pase lo que pase”, podemos entenderlo inicialmente como una muestra de compromiso.
Pero ese “pase lo que pase” también merece atención.
¿Por qué no contemplamos ninguna otra posibilidad?
¿Qué significaría para nosotros que la relación terminase?
¿Qué estamos intentando proteger?
¿Estamos eligiendo a nuestra pareja actual o intentando evitar desesperadamente una pérdida?
¿Queremos esta relación tal y como existe o estamos vinculados a la expectativa de lo que podría llegar a ser?
A veces estamos intentando mantener una relación no por el bienestar que nos proporciona en el presente, sino por todo lo que hemos invertido en ella, por nuestra historia compartida o por la esperanza de que algún día se convierta en aquello que necesitamos.
Y comprender esta diferencia puede cambiar por completo el proceso terapéutico.
La compatibilidad también importa
Existe una creencia muy extendida de que, si dos personas se quieren suficientemente y aprenden a comunicarse correctamente, cualquier relación puede funcionar.
Pero el amor no elimina automáticamente las incompatibilidades.
Dos personas pueden quererse profundamente y necesitar cosas diferentes.
Una puede necesitar mucha cercanía mientras la otra necesita una gran autonomía.
Una puede querer construir una familia y la otra no.
Pueden existir diferencias importantes en sexualidad, estilo de vida, prioridades, valores, proyectos futuros o formas de entender el compromiso.
El trabajo terapéutico no consiste necesariamente en conseguir que una de ellas renuncie a sus necesidades para encajar en las de la otra.
Consiste también en descubrir qué es negociable, qué puede construirse conjuntamente y qué forma parte de necesidades fundamentales que debemos aprender a respetar.
Porque una relación saludable no necesita una compatibilidad absoluta.
Pero sí necesita una compatibilidad suficiente.
Reestructurar las expectativas: uno de los primeros pasos de la terapia
Por todo esto, una de las primeras tareas dentro de una terapia de pareja suele ser revisar qué espera cada persona del proceso.
Quizá lleguemos pensando:
“Quiero que mi pareja vuelva a ser como antes.”
Y tengamos que transformarlo en:
“Quiero comprender qué necesito de una relación y saber si podemos construirlo juntos.”
Quizá lleguemos pensando:
“Quiero que el psicólogo le haga entender que está equivocado.”
Y tengamos que avanzar hacia:
“Quiero entender nuestra dinámica y asumir qué responsabilidad tiene cada uno dentro de ella.”
O quizá lleguemos pensando:
“Necesito salvar esta relación.”
Y acabemos pudiendo preguntarnos:
“¿Quiero elegir esta relación cuando ya no siento que la necesito?”
Ese cambio de perspectiva puede ser terapéutico en sí mismo.
Entonces, ¿cuál es el objetivo de una terapia de pareja?
Podríamos resumirlo de una manera sencilla:
Ayudar a dos personas a comprender su relación con suficiente claridad como para poder tomar decisiones conscientes sobre ella.
A veces ese proceso permitirá reconstruir el vínculo.
Permitirá aprender a comunicarse de otra manera, reparar heridas, recuperar intimidad, negociar necesidades y volver a elegirse desde un lugar diferente.
Y otras veces permitirá reconocer que continuar juntos exige a una o ambas personas renunciar constantemente a aspectos esenciales de sí mismas.
En esos casos, una separación consciente y respetuosa no significa necesariamente que la terapia haya fracasado.
Puede significar precisamente lo contrario.
El éxito no siempre significa permanecer juntos
Quizá deberíamos cambiar también nuestra manera de medir el éxito de una terapia de pareja.
Una terapia puede ser exitosa cuando dos personas consiguen volver a encontrarse y construir una relación mucho más saludable.
Pero también puede serlo cuando consiguen comprender que aquello que intentaban sostener ya no les proporciona el bienestar que necesitan y pueden separarse desde un lugar menos destructivo, más consciente y respetuoso.
Porque el objetivo último no debería ser conservar una relación.
Debería ser favorecer que las personas puedan construir relaciones en las que exista bienestar, respeto, reciprocidad, libertad y suficiente compatibilidad.
Elegir al otro desde la libertad
Quizá uno de los puntos más interesantes de una terapia de pareja llegue cuando dejamos de preguntarnos:
“¿Qué tengo que hacer para que esta relación no termine?”
y empezamos a preguntarnos:
“Si sé que puedo estar bien tanto si esta relación continúa como si no, ¿quiero seguir eligiendo a esta persona?”
Ahí cambia el lugar desde el que nos vinculamos.
Porque cuando dejamos de relacionarnos únicamente desde el miedo a perder al otro, podemos empezar a descubrir si realmente queremos construir con él.
Y probablemente una relación tenga muchas más posibilidades de ser saludable cuando dos personas no permanecen juntas porque sienten que no pueden separarse, sino porque, pudiendo elegir, siguen queriendo elegirse.