¿Cuál es tu lugar en el desorden del cual te quejas?
Esta entrada propone una reflexión profunda, honesta y terapéutica sobre una frase que incomoda porque interpela: “¿Cuál es tu lugar en el desorden del cual te quejas?”. Desde la Psicología Integrativa, exploramos cómo muchas de nuestras quejas externas esconden dinámicas internas no reconocidas, patrones relacionales repetidos, heridas no elaboradas y partes de nosotros mismos que aún no han sido integradas. Un texto para leer despacio, mirarse con valentía y recuperar el poder personal sin caer en la culpa.
Marina Garay
12/23/20254 min read


La frase que incomoda porque despierta
Hay frases que funcionan como un espejo inesperado. No son amables, no consuelan de inmediato, no validan sin más. Pero despiertan.
“¿Cuál es tu lugar en el desorden del cual te quejas?” no es una pregunta moral, ni un reproche, ni una invitación al autoataque. Es una puerta. Y como toda puerta, puede abrirse o cerrarse.
Desde la Psicología Integrativa, entendemos que nada de lo que se repite de forma significativa en nuestra vida es casual. No porque “lo atraigamos” de manera mágica o porque “todo sea responsabilidad individual” —esa es una simplificación peligrosa—, sino porque participamos, consciente o inconscientemente, en sistemas relacionales, emocionales y narrativos que nos configuran.
Esta pregunta no busca culpables. Busca conciencia. Y la conciencia, cuando es genuina, siempre libera.
Quejarse no es el problema: el problema es no escucharse
Quejarse es humano. Es una forma primaria de señalización: algo duele, algo no encaja, algo se ha desordenado. En consulta, muchas personas llegan desde la queja:
“Siempre me pasa lo mismo”,
“Los demás no cambian”,
“Doy más de lo que recibo”,
“Nadie me entiende”.
La Psicología Integrativa no invalida estas quejas. Al contrario: las toma en serio. Porque toda queja auténtica contiene información emocional valiosa. El problema no es quejarse, sino quedarse a vivir en la queja, sin atravesarla.
Cuando la queja se cronifica, suele cumplir una función defensiva:
Evita mirar el propio miedo.
Protege de la culpa inconsciente.
Sostiene una identidad conocida (“yo soy el que siempre pierde”, “la que siempre se sacrifica”).
Mantiene vínculos disfuncionales sin tener que transformarlos.
Aquí es donde la pregunta aparece como intervención terapéutica:
👉 ¿Cuál es tu lugar en este desorden?
El “desorden” como sistema, no como error
Desde una mirada integrativa, el desorden no es un fallo aislado. Es un sistema. Un entramado de emociones, historias, aprendizajes tempranos, lealtades invisibles y estrategias de supervivencia.
Hablamos de desorden cuando:
Las relaciones se repiten con el mismo final.
Los conflictos cambian de escenario, pero no de guion.
El cuerpo expresa lo que la mente niega.
El malestar persiste aunque “todo esté bien” en apariencia.
Este desorden no surge de la nada. Tiene coherencia interna. Y casi siempre, tiene raíces antiguas.
Tu lugar no es culpa: es posición
Una de las resistencias más comunes a esta frase es:
“¿Me estás diciendo que es mi culpa?”
No.
La Psicología Integrativa diferencia claramente culpa de responsabilidad.
Culpa: paraliza, castiga, encierra en el pasado.
Responsabilidad: devuelve agencia, permite elegir, abre futuro.
Tu lugar en el desorden no habla de lo que hiciste “mal”, sino de desde dónde te colocas hoy:
¿Desde el silencio?
¿Desde la sobreadaptación?
¿Desde el control?
¿Desde la huida?
¿Desde la salvación del otro?
¿Desde la desconexión emocional?
Reconocer el propio lugar no es acusarse. Es recuperarse.
Patrones relacionales: cuando el pasado sigue hablando
Muchas personas se quejan de vínculos que no funcionan, sin ver que están repitiendo patrones relacionales aprendidos.
Desde el enfoque integrativo, entendemos que estos patrones se originan en:
El apego temprano.
Las dinámicas familiares.
Las experiencias de trauma relacional.
Los modelos de amor, conflicto y valor personal interiorizados.
Por ejemplo:
Quien se queja de parejas emocionalmente ausentes, pero aprendió que el amor se gana esforzándose.
Quien se queja de no ser tenido en cuenta, pero nunca ocupa su lugar ni pone límites.
Quien se queja del caos ajeno, pero teme profundamente al orden porque implicaría cambios.
La pregunta no es “¿por qué me hacen esto?”, sino:
👉 ¿qué versión de mí entra siempre en este tipo de vínculo?
La sombra: lo que no veo también actúa
Carl Jung hablaba de la sombra como aquello que negamos, reprimimos o no reconocemos de nosotros mismos. La Psicología Integrativa recoge esta idea y la amplía desde el cuerpo, la emoción y la relación.
Muchas veces, el desorden que criticamos afuera refleja una sombra interna:
Critico la irresponsabilidad → pero no me hago cargo de mis deseos.
Critico el egoísmo → pero no sé pedir ni recibir.
Critico el caos → pero vivo desconectado de mi mundo emocional.
La sombra no es “lo malo”. Es lo no integrado.
Y lo no integrado siempre encuentra la forma de expresarse, muchas veces a través de los otros.
El cuerpo también ocupa un lugar en el desorden
La Psicología Integrativa no se queda solo en lo cognitivo. El cuerpo es un protagonista central.
Preguntas clave:
¿Qué hace tu cuerpo cuando te quejas?
¿Se tensa, se apaga, se agita?
¿Dónde se manifiesta el desorden en forma de síntoma?
A veces, el cuerpo sostiene lo que la conciencia aún no puede mirar. Dolores, cansancio crónico, ansiedad difusa, bloqueos… no son fallos: son mensajes.
Tu lugar en el desorden también se expresa somáticamente.
Cuando el rol sostiene el caos
Muchas personas ocupan roles que mantienen el desorden del cual se quejan:
El salvador que luego se siente usado.
El fuerte que nunca pide ayuda.
El comprensivo que se traiciona.
El que aguanta “porque así es”.
Estos roles no son errores: fueron estrategias válidas en otro momento de la vida. Pero hoy pueden estar perpetuando el conflicto.
La integración no consiste en destruir el rol, sino en actualizarlo.
De la queja a la conciencia: el verdadero movimiento terapéutico
El trabajo integrativo no busca respuestas rápidas, sino desplazamientos internos:
Pasar del “me hacen” al “¿qué permito?”.
Del “no puedo” al “¿qué temo perder si cambio?”.
Del “esto es así” al “esto se repite”.
Cuando una persona identifica su lugar en el desorden, ocurre algo fundamental: deja de estar atrapada en la reacción y empieza a elegir.
Integrar no es controlar, es habitarse
Integrar no significa tenerlo todo claro ni ordenado. Significa poder estar presente incluso en el caos, sin negarse, sin atacarse, sin huir.
La Psicología Integrativa propone:
Escuchar todas las partes internas.
Validar la historia sin quedar prisionero de ella.
Construir límites con sentido, no con dureza.
Elegir desde la conciencia, no desde la repetición.
Cerrar el círculo: una pregunta que abre caminos
“¿Cuál es tu lugar en el desorden del cual te quejas?” no es una sentencia. Es una invitación radical a la honestidad interna.
No para culparte.
No para exigirte más.
Sino para devolverte algo esencial: tu capacidad de estar presente en tu propia vida.
Porque cuando cambias tu lugar, el sistema entero se reorganiza.
Y a veces, el desorden no necesitaba ser combatido, sino comprendido.
