A veces nos sentimos tristes, ansiosos, inseguros, enfadados o simplemente tenemos un día en el que algo dentro de nosotros no termina de estar bien.
Y casi inmediatamente aparece una pregunta:
«¿Por qué me siento así?»
Intentar comprender nuestras emociones puede ser útil. El problema aparece cuando sentimos que necesitamos encontrar una explicación inmediata y nuestra mente empieza a rellenar los espacios en blanco.
«Si estoy así será porque algo va mal».
«Si me siento insegura será porque mi relación no funciona».
«Si estoy desmotivada será porque ya no me gusta mi trabajo».
«Si hoy no tengo ganas de ver a nadie será porque me estoy aislando otra vez».
«Si siento ansiedad será porque está a punto de pasar algo».
Sin darnos cuenta, hemos pasado de sentir una emoción a interpretar lo que esa emoción supuestamente significa.
Y esa diferencia es muy importante.
Una emoción es información, no una conclusión
Las emociones forman parte de nuestra experiencia y pueden aportarnos información sobre lo que estamos viviendo. Pero sentir algo no significa necesariamente que la primera explicación que aparece en nuestra cabeza sea cierta.
Podemos sentir inseguridad sin que exista una amenaza real.
Podemos sentir tristeza sin que nuestra vida esté yendo mal.
Podemos sentir ansiedad sin que vaya a ocurrir nada peligroso.
Podemos sentir distancia hacia nuestra pareja durante unos días sin que eso signifique que hemos dejado de quererla.
Incluso podemos sentirnos mal sin saber exactamente por qué.
Nuestro estado emocional puede estar influido por multitud de factores: cansancio, estrés acumulado, cambios hormonales, falta de sueño, experiencias anteriores, sobrecarga, conflictos recientes, incertidumbre o simplemente un momento de mayor vulnerabilidad.
Sin embargo, cuando aparece una emoción desagradable, nuestro cerebro suele intentar encontrar rápidamente una explicación.
Y ahí puede comenzar el problema.
Cuando el pensamiento intenta explicar la emoción
Imagina que hoy notas cierta ansiedad.
La experiencia inicial podría ser simplemente:
«Hoy me siento ansiosa».
Pero nuestra mente puede continuar:
«¿Por qué estoy ansiosa?»
«Últimamente estoy rara».
«Quizá no estoy bien con mi pareja».
«Si estuviera realmente feliz no debería sentirme así».
«Entonces puede que ya no sienta lo mismo».
«¿Y si nuestra relación se está acabando?»
En apenas unos minutos hemos pasado de una sensación de ansiedad a cuestionarnos toda nuestra relación.
Y, previsiblemente, ahora sentimos todavía más ansiedad.
Se genera así un círculo que puede retroalimentarse:
Emoción desagradable → necesidad de encontrar una explicación → interpretación negativa → aumento del malestar → nuevas interpretaciones → mayor intensidad emocional.
Cuanto peor nos sentimos, más amenazantes pueden parecer nuestros pensamientos. Y cuanto más creemos esos pensamientos, peor nos sentimos.
No todo pensamiento necesita ser resuelto
Una de las dificultades que encontramos en consulta es precisamente la necesidad de resolver inmediatamente el malestar.
Queremos saber qué significa, de dónde viene y, sobre todo, cómo hacer que desaparezca.
Pero hay momentos en los que intentar comprender demasiado una emoción mientras estamos dentro de ella puede aumentar todavía más nuestra activación.
Cuando estamos muy ansiosos, enfadados o tristes, nuestra interpretación de la realidad puede estar condicionada por nuestro propio estado emocional.
Por eso, quizá ese no sea el mejor momento para sacar grandes conclusiones.
No necesitamos resolver nuestra relación mientras estamos teniendo un episodio de inseguridad.
No necesitamos decidir nuestro futuro profesional durante una tarde de frustración.
No necesitamos analizar nuestra vida entera porque hoy nos sintamos especialmente tristes.
A veces podemos permitirnos algo mucho más sencillo:
«Ahora mismo me siento así. No necesito saber inmediatamente por qué».
Aceptar una emoción no significa resignarse
Aceptar una emoción no significa pensar que nos vamos a sentir así para siempre ni dejar de hacer nada al respecto.
Significa permitir que esa experiencia esté presente durante un tiempo sin convertirla inmediatamente en un problema que tenemos que solucionar.
Podemos cambiar:
«¿Por qué estoy así? Esto no debería estar pasándome».
por:
«Estoy notando ansiedad. Voy a dejar que esté aquí un momento».
O:
«Si estoy triste significa que algo va mal».
por:
«Hoy estoy triste. Ya intentaré entenderlo cuando esté más tranquila».
Esta pequeña diferencia puede ayudarnos a crear espacio entre lo que sentimos y lo que concluimos a partir de ello.
Sentir primero, interpretar después
Cuando aparezca una emoción intensa, antes de intentar explicarla puedes probar a preguntarte:
¿Qué estoy sintiendo exactamente?
Intenta describir la experiencia sin interpretarla: «noto presión en el pecho», «estoy inquieta», «tengo ganas de llorar», «estoy irritable».
Después puedes observar:
¿Qué historia está construyendo mi mente alrededor de esta emoción?
Quizá aparezcan pensamientos como «esto significa que…», «seguro que…», «si me siento así es porque…».
Y entonces introducir una tercera pregunta:
¿Esto es un hecho o una interpretación que estoy haciendo desde mi estado emocional actual?
No se trata de discutir con cada pensamiento ni de obligarnos a pensar en positivo. Se trata de recordar que un pensamiento es una interpretación posible, no necesariamente una descripción exacta de la realidad.
No necesitas sentirte bien todo el tiempo
Parte del bienestar psicológico consiste también en desarrollar la capacidad de atravesar estados emocionales incómodos sin sentir que tenemos que eliminarlos inmediatamente.
Habrá días de inseguridad.
Días de tristeza.
Días de ansiedad.
Días en los que estaremos más irritables, cansados o sensibles.
Y no todos esos días necesitan una explicación profunda.
Paradójicamente, cuanto más intentamos expulsar determinadas emociones, más pendientes podemos acabar estando de ellas.
En cambio, podemos aprender a observarlas, darles espacio y esperar a que disminuya nuestra activación antes de decidir qué significado queremos darles.
La emoción puede ser real aunque la interpretación sea equivocada
Este es quizá uno de los aprendizajes más importantes.
Lo que sentimos es real. Pero la explicación que nuestra mente construye para justificar lo que sentimos puede no serlo.
Puedes sentir miedo y no estar en peligro.
Puedes sentir rechazo sin estar siendo rechazado.
Puedes sentir inseguridad sin que exista una amenaza.
Puedes sentir tristeza sin que haya algo roto en tu vida.
Validar una emoción no implica validar automáticamente todas las conclusiones que aparecen asociadas a ella.
A veces, antes de preguntarnos «¿por qué me siento así?», puede ser más útil decirnos:
«Me siento así. Voy a permitirme sentirlo. Cuando esté más tranquila, ya decidiré si realmente necesito entenderlo».
Porque no todas las emociones necesitan una respuesta inmediata.
Algunas simplemente necesitan espacio.